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PATRIMONIO
2/10/2015

Los robledales de Sakana, la mina de la construcción naval vasca

Los robledales de Sakana, la mina de la construcción naval vasca

El País Vasco ha sido tierra de marineros durante muchos siglos y está claro que dicha historia naval ha influido en su estructura social y económica, tanto en la costa como en el interior; a unos cuantos kilómetros del mar, llegando hasta las regiones vascas del Pirineo.

 

Por poner un ejemplo, los balleneros del siglo XVI partían su viaje a Canadá cargados de sidra, bebida de fácil conservación y bajo grado de alcohol. Aquello propició un auge de la industria sidrera, provocando que muchos caseríos de Gipuzkoa empezaran a producir sidra. A la vuelta, las barricas venían llenas de grasa de ballena. Cada barrica se vendía por 4.000 dólares canadienses y los navíos contaban con unas 1000 barricas cada uno. Por tanto, cada ballenero transportaba mercancía del valor de 4 millones de dólares canadienses, 2,5 millones de los actuales euros. Los vascos comercializaban grasa de ballena para lámparas a toda Europa. Tenían el monopolio, un negocio redondo.

 

Muchos de los bosques de la geografía vasca también se explotaban para la construcción naval, como es el caso de los robledades de Sakana (Navarra-Nafarroa). La industria naval llegó a Sakana a medida que los bosque de la costa se fueron quedando pequeños. Unos documentos de principios del siglo XVIII afirman que en aquella época ya era habitual utilizar los robledales de Sakana para la explotación naval.

 

Históricamente, los bosques de Sakana han sido la mina de la construcción naval vasca. Se plantaban y cuidaban robledales para que los buques construidos fueran de calidad: por una parte estaban los robles rectos o bravos y por otro, los torcidos o corvos; árboles que se utilizaban para hacer las piezas laterales del navío. Europa desconocía dichas técnicas de trabajo.

 

Las piezas necesarias para la construcción de los barcos se trabajaban en el monte: se llevaban las piezas a los astilleros, no los árboles. En efecto, tener que llevar un árbol hasta la costa suponía un gran gasto económico. De este modo, se conseguían buques competitivos: buques de calidad, bastante estandarizados y baratos. Así se explica cómo una región como el País Vasco, una región de poca costa y montañosa (no subían más arriba que el Aralar porque si no era muy caro transportar la madera hasta la costa), tuviera una industria naval tan potente.

 

Quienes se encargaban de transportar las piezas hasta los astilleros eran los arrieros, figura importante en la sociedad y economía de Sakana. También eran quienes a la vuelta traían productos y alimentos nuevos desde la costa al interior. Para ello construyeron la calzada de Bernoa, calzada que une Navarra-Nafarroa (Iturmendi) y Gipuzkoa (Ataun) y posibilita llegar hasta Donostia-San Sebastián. Actualmente, la calzada de Bernoa está en proceso de recuperación y tanto en Iturmendi como en Ataun se puede pasear por la misma. Tampoco es casualidad que en Iturmendi, y en general en todo el valle de Burunda, haya casas  señoriales construidas entre los siglos XVI y XVIII. Son el fiel reflejo del poder social y adquisitivo de los arrieros de la época.

 

El robledal de Dantzaleku (Altsasu)

 

Albaola, la Factoría Marítima Vasca (Pasaia, Gipuzkoa) y la réplica del navío San Juan del siglo XVI que están contruyendo allí pretenden dar a conocer y divulgar el pasado naval del País Vasco.

 

La construcción del ballenero San Juan se está llevando a cabo de forma totalmente tradicional y artesanal, tal como se construyó en el siglo XVI, y se están utilizando para ello 200 robles de los bosques de Sakana. Los técnicos de Albaola han estado en los montes de Sakana con las plantillas de las piezas que necesitan para construir la réplica del buque ballenero, examinando y seleccionando los árboles uno por uno. La tala de los árboles seleccionados se ha llevado a cabo siguiendo la tradición: siempre los días de luna menguante de invierno.

 

En el robledal de Dantzaleku (Altsasu) hay un recorrido interpretativo que explica e ilustra todo ese proceso. Se inauguró hace justo un año y pretende mostrar al público las antiguas técnicas tradicionales que se utilizaban para la selección y tala de los árboles que se destinarían a la industria naval. Es un recorrido fácil de unos 700 metros y una duración de 30 minutos, aproximadamente. El robledal de Dantzaleku cuenta con varios paneles informativos, así como con 10 siluetas de plantillas de piezas que permitirán al visitante descubrir, en los árboles a interpretar, las piezas que se realizaban con su madera.

 

He hay una pequeña propuesta para conocer y disfrutar de la historia de la industria naval vasca en Sakana: visitar el robledal de Dantzaleku, pasear por la calzada de Bernoa y conocer las casas señoriales de los arrieros en el valle de Burunda. ¿Te vienes?

 

Para más información: www.sakondusakana.com

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